天美传媒 Insight
Un plan para salvar el sistema espa帽ol de pensiones
Para garantizar la sostenibilidad del sistema espa帽ol de pensiones son necesarias profundas reformas estructurales y complementarlo con aportaciones a planes privados de pensiones.
El sistema de Seguridad Social espa帽ol empez贸 a tener m谩s gastos que ingresos en 2010. No es un problema coyuntural. El d茅ficit es estructural y ser谩 cada vez mayor por la disminuci贸n de la natalidad y del flujo de inmigrantes.
En 2010, por cada persona mayor de 65 a帽os (potencial beneficiario de una pensi贸n de jubilaci贸n) hab铆a 3,6 personas de entre 16 y 64 a帽os (potenciales cotizantes). Si se mantiene la actual tendencia demogr谩fica, esa proporci贸n ser谩 de 2,5 en 2030 y de 1,6 en 2050.
Para seguir costeando sus pensiones, Espa帽a necesitar铆a unos 26,5 millones de inmigrantes en los pr贸ximos 40 a帽os, es decir, unos 665.000 al a帽o, cuando en 2010 solo llegaron unos 70.000 inmigrantes.
Estas son algunas de las consideraciones del estudio "", elaborado por los profesores del 天美传媒 Antonio Argando帽a y Javier D铆az-Gim茅nez junto a Juli谩n D铆az-Saavedra y Beltr谩n 脕lvarez.
Un sistema vulnerable
Seg煤n el an谩lisis comparativo con otros pa铆ses de la OCDS y del G20, las pensiones espa帽olas se concentran excesivamente en el sistema de reparto, menos contributivo que el de muchos pa铆ses de su entorno.
Al ser un sistema de prestaci贸n definida y carecer de un factor de sostenibilidad, es especialmente vulnerable a las perturbaciones demogr谩ficas y econ贸micas. Adem谩s, el papel del ahorro capitalizado en Espa帽a es mucho menor que el de la mayor铆a de los pa铆ses de la eurozona.
Estas caracter铆sticas del sistema de pensiones espa帽ol plantean otros inconvenientes:
- Genera incertidumbre. El trabajador no sabe cu谩ndo se va a jubilar ni cu谩l va a ser la cuant铆a de su pensi贸n p煤blica.
- Es poco transparente. Para generar la ilusi贸n contable de que el importe de la cotizaci贸n que paga el trabajador es muy peque帽o, se hace abonar tres cuartas partes al empleador, lo que incentiva la 别肠辞苍辞尘铆补 sumergida.
- Es poco contributivo y arbitrario. Un trabajador que hubiera cotizado al m谩ximo entre los 16 y los 49 a帽os (durante 34) no tiene derecho a recibir pensi贸n. Otro que lo ha hecho durante un a帽o m谩s, pagando los primeros 20 a帽os la cotizaci贸n m铆nima y la m谩xima los 煤ltimos 15, tendr铆a derecho a la pensi贸n m谩xima.
- No es universal. Hay multitud de reg铆menes y excepciones.
Contribuir durante 40 a帽os, jubilarse a los 68
En los 煤ltimos 25 a帽os, el sistema de pensiones espa帽ol se ha reformado cuatro veces, la 煤ltima en 2011. Aunque las recientes modificaciones mejoraron sustancialmente su sostenibilidad, son insuficientes.
Los autores consideran que es imprescindible reducir los plazos de aplicaci贸n previstos en la 煤ltima reforma. Habr铆a que ampliar de manera inmediata a 40 a帽os el periodo m铆nimo de cotizaci贸n para poder percibir una pensi贸n y situar en los 68 a帽os la edad de jubilaci贸n.
Pero estas medidas ser谩n insuficientes para recuperar el equilibrio presupuestario si no se a帽aden profundas reformas estructurales, pasando del actual sistema de reparto de prestaci贸n definida a otro de aportaci贸n definida.
En el primero, el Estado fija la cuant铆a de las pensiones y, para poderlas pagar, ajusta las cotizaciones lo que sea necesario.
En el de aportaci贸n definida, se fija la cuant铆a de las cotizaciones y a ella se ajustan las pensiones percibidas. Se trata de tener en cuenta las aportaciones realizadas por los trabajadores durante toda su vida laboral, de modo que cada euro aportado genere un euro de derechos pensionables.
Aprender de las pr谩cticas internacionales
En los pa铆ses con mejores pr谩cticas, las aportaciones del trabajador pasan a una cuenta virtual donde se recoge el importe de lo abonado por cada cotizante y los rendimientos ficticios que genera a lo largo de su vida laboral.
La cantidad final se transforma en una anualidad al llegar la jubilaci贸n. As铆, el trabajador est谩 siempre informado de la cuant铆a de sus derechos pensionables y puede planificar su jubilaci贸n sin sorpresas. Adem谩s, entiende que sus cotizaciones son en realidad sueldos diferidos que percibir谩 al retirarse.
Otra diferencia es la cuant铆a de las pensiones m铆nimas, que en Espa帽a equivalen al 27% del salario medio, mientras que en la eurozona suponen el 25%. Seg煤n los autores, la cuant铆a de la pensi贸n m铆nima deber铆a ser relativamente baja y solo deber铆an percibirlas aquellas personas que realmente las necesitan, independientemente de su historial de cotizaci贸n.
En la mayor铆a de pa铆ses estudiados, el trabajador debe complementar la futura pensi贸n p煤blica con otro plan de ahorro que garantice sus rentas en caso de que su longevidad sea mayor de lo esperado, ya sea a trav茅s de la empresa en que trabaja o de otra entidad privada.
En Espa帽a se estimula poco este tipo de ahorro capitalizado para la vejez, cuyo volumen total supone el 8% del PIB, frente al 98% en Reino Unido, el 90% en Suiza y el 53% en Irlanda.
Propuestas para alcanzar la sostenibilidad
En opini贸n de los autores, la opci贸n m谩s adecuada para alcanzar la sostenibilidad es la adopci贸n de un mecanismo mixto entre reparto y capitalizaci贸n similar al sueco, siendo esta capitalizaci贸n obligatoria o casi obligatoria.
De este modo se aprovechar铆an las ventajas de ambos sistemas, principalmente el menor coste del sistema de reparto ante el aumento de la longevidad y la posibilidad que ofrecen los sistemas de capitalizaci贸n para diversificar las fuentes de renta en la etapa de la jubilaci贸n.
Adem谩s, los autores proponen aplicar unas pensiones m铆nimas enfocadas que dependan de la renta y del patrimonio de sus perceptores. El objetivo ser铆a garantizar unos ingresos m铆nimos que no tengan en cuenta los historiales de cotizaci贸n.
La transici贸n hacia el nuevo dise帽o se deber铆a hacer minimizando los costes personales y respetando al m谩ximo los derechos de los pensionistas y de los trabajadores.
