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Para tomar mejores decisiones, huye de los extremos
Liderar hoy exige navegar zonas grises. M谩s all谩 del blanco o negro, he aqu铆 algunas claves econ贸micas que conviene recordar para tomar decisiones razonadas.
Vivimos en un entorno empresarial que premia las respuestas r谩pidas y las narrativas simples. Pero los grandes retos estrat茅gicos no se resuelven en blanco o negro, sino que exigen moverse con soltura entre los grises.
En un contexto empresarial cada vez m谩s marcado por la polarizaci贸n y la urgencia de actuar, 鈥揺l libro basado en el del profesor del 天美传媒 Javier D铆az-Gim茅nez, junto con Miguel Ors y Pedro Artiles鈥� propone pensar con matices. Y, para ello, los autores animan a directivos, empresarios y emprendedores a apoyarse en la teor铆a econ贸mica. As铆 lo explican:
El auge del proteccionismo
En los a帽os ochenta, ante la competencia japonesa, la industria automovil铆stica de EE. UU. vivi贸 una grave crisis. Pero en lugar de encerrarse, se adapt贸: Honda abri贸 plantas en Ohio y los fabricantes locales mejoraron sus procesos. El resultado: coches mejores y m谩s baratos.
Hoy, frente a la eficiencia de los fabricantes chinos de veh铆culos el茅ctricos, Estados Unidos y Europa han levantado muros arancelarios. La reacci贸n se apoya en argumentos medioambientales, geopol铆ticos o de seguridad鈥�, pero a menudo responde m谩s al miedo que a la estrategia. 驴No ser铆a m谩s racional aprovechar los recursos liberados que ofrece esta nueva oferta china para acelerar la transici贸n energ茅tica y ampliar infraestructuras de recarga locales?
El proteccionismo puede parecer pol铆ticamente atractivo, pero termina deprimiendo el desarrollo y el bienestar. La soluci贸n no es levantar muros, sino dise帽ar puentes que permitan adaptarse a un mundo en constante evoluci贸n.
Estamos pasando de un orden liberal, donde 鈥減rohibir estaba prohibido鈥�, a otro donde las regulaciones se multiplican y el espacio para innovar se divide. Frente a esta deriva, conviene recordar que la teor铆a de la ventaja comparativa no ha caducado: aunque sea innegable que la competencia internacional produce perdedores locales, la mayor铆a de los ciudadanos y de los consumidores locales se benefician de esa competencia.
La evidencia emp铆rica indica que ser铆a un error desmantelar la globalizaci贸n y refugiarnos en la autarqu铆a. Lo que hay que hacer es todo lo contrario: fomentar la interdependencia e incentivar la innovaci贸n con los incentivos que crean los mercados competitivos.
Conviene recordar que el crecimiento no puede planificarse como si fuera un proceso lineal. El crecimiento no se parece a la levadura. Se parece a las setas. Aparece cuando se dan ciertas condiciones. Las organizaciones m谩s innovadoras y los pa铆ses m谩s innovadores no son los que regulan cada paso, sino los que crean las condiciones para que surjan cosas inesperadas. Reducen las barreras, facilitan la experimentaci贸n y toleran el error. Y cuando surge algo que funciona 鈥揷omo las setas鈥�, intentan escalarlo.
驴C贸mo generamos valor?
Todos disponemos del mismo recurso b谩sico: el tiempo. Veinticuatro horas, que en realidad son catorce, cada d铆a. La pregunta no es cu谩nto tiempo tienes, sino c贸mo lo conviertes en valor. Y no en cualquier valor, sino en algo valioso que los dem谩s est茅n dispuestos a comprar.
Aqu铆 entra en juego la productividad. En el mercado global, la diferencia entre un sueldo de 3.500 euros y uno de 1.000 no suele deberse al esfuerzo, ni siquiera al talento, sino a al valor que crea ese trabajo realizado. Por eso, si queremos elevar el nivel de vida de nuestras organizaciones o de nuestros pa铆ses, no basta con trabajar m谩s: hay que trabajar mejor. Y eso requiere educaci贸n adecuada, tecnolog铆a 煤til, estructuras organizativas que permitan que el talento florezca y entornos que no penalicen el error, sino que aprovechen los errores para aprender.
Los salarios dignos no se decretan: se construyen; a trav茅s de trabajos de alto valor a帽adido, que a su vez dependen de la capacidad de cada persona, de cada empresa o de cada pa铆s de convertir el tiempo en algo valioso los dem谩s.
Aunque el tiempo sea el recurso m谩s democr谩tico, las formas de asignar ese tiempo son muy desiguales. No todo el mundo tiene las mismas oportunidades para transformarlo en valor. Por eso, hablar de incentivos no es fr铆volo. Las personas responden a se帽ales: si en una sociedad se premia m谩s la seguridad que la creatividad, si emprender se penaliza con la burocracia o con las sospechas, si opositar se considera la mejor opci贸n para los que tienen m谩s talento鈥� no deber铆a sorprendernos que el talento termine desperdiciado y que los talentos terminen enterrados.
Este problema no es solo individual: es una gran ineficiencia colectiva. El crecimiento econ贸mico de un pa铆s, o la competitividad de una empresa, depende en buena medida de d贸nde y c贸mo se asigne el talento y de c贸mo y cu谩nto se transforme en valor.
Liderar para el largo plazo
Lejos de ser una entelequia ideol贸gica, el mercado es un mecanismo descentralizado que, cuando funciona sin fallos, nos permite asignar los recursos escasos de la forma m谩s eficiente. Los precios transmiten informaci贸n, agregan se帽ales dispersas y permiten coordinar millones de decisiones sin necesidad de un planificador central. En mercados bien estructurados, nadie puede subir precios sin perder clientes, y nadie puede despilfarrar recursos sin terminar quebrando.
Sin embargo, el mercado nunca va a decirnos cu谩l es el nivel 贸ptimo de desigualdad en una sociedad. Este depender谩 de lo que esa sociedad decida democr谩ticamente. En este punto, resulta especialmente esclarecedora la reflexi贸n del fil贸sofo John Rawls. 驴C贸mo querr铆amos que la sociedad estuviera organizada si no supi茅ramos qu茅 posici贸n 铆bamos a ocupar en ella, es decir, si debi茅ramos pronunciarnos con los ojos tapados detr谩s del 鈥渧elo de la ignorancia鈥�?
La riqueza no cae del cielo, y tampoco se redistribuye sola. Se genera all铆 donde se crean los incentivos que nos permiten convertir nuestra dotaci贸n de tiempo en valor. Y se distribuye all铆 donde las instituciones lo permiten sin frenar la innovaci贸n.
Esta tensi贸n entre eficiencia y equidad define muchos de los desaf铆os actuales. Por ejemplo, si queremos tomarnos en serio la descarbonizaci贸n, los pa铆ses desarrollados no tendr谩n m谩s remedio que aceptar una reducci贸n de los niveles de vida de sus ciudadanos, al menos en el corto plazo. Esto generar谩 resistencias, pero las sociedades pr贸speras deber铆an ser capaces de dise帽ar mecanismos para compensar a los m谩s vulnerables. No hacer nada no es opci贸n: un incremento de cinco o seis grados sobre los niveles preindustriales har铆a probablemente imposible la civilizaci贸n tal y como la conocemos y ser铆a un riesgo existencial para la humanidad.
Adem谩s, estamos a las puertas de una nueva revoluci贸n productiva. Una en la que la riqueza podr铆a generarse no por el trabajo humano, sino por los algoritmos y los robots. La gran pregunta ya no es tecnol贸gica, sino pol铆tica: 驴c贸mo vamos a repartir el valor que creen las m谩quinas y las inteligencias artificiales? 驴Vamos a repartirlo o a concentrarlo? 驴Vamos a utilizarlo para financiar sociedades m谩s inclusivas o para ampliar las desigualdades?
Esas son las preguntas que formulan Javier D铆az-Gim茅nez, Miguel Ors y Pedro Artiles en El gris importa.
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